22 de julio de 2007

La mala hora (27/11/2005)

Gabriel García Márquez escribió en Cien años de soledad [PDF]:

-Aureliano -le dijo entonces Úrsula-, prométeme que si te encuentras por ahí con la mala hora, pensarás en tu madre.


Éstas son las palabras con las que se despide Úrsula Iguatán de su hijo Aureliano Buendía cuando es apresado por las tropas rebeldes. Me gusta este pasaje especialmente porque la madre no le pide al hijo que tenga cuidado, que regrese a casa ni que le escriba todos los días; le pide que, si muere, se acuerde de ella. Que le dedique su último pensamiento.

Muchas veces me he preguntado en qué pensaré y de quién me acordaré cuando muera. Me imagino viejecito en el lecho de muerte y dudo sobre si pensaré en la familia, en los padres, en los amores de juventud, en Dios o en qué.

Me asaltan particularmente la cantidad de historias, muchas de ellas secretas, que con seguridad han marcado a sus protagonistas por el resto de sus días. Pero se separan y no se vuelven a ver. ¿Se recordarán en el lecho de muerte? ¿Dudarán de si los demás siguen vivos?

Qué lástima da pensar en la cantidad de vivencias que, al morir sus protagonistas, se pierden para siempre [en el tiempo como lágrimas en la lluvia].

No hay comentarios: